La mirada de los diferentes

A lo largo de todos estos últimos años de expediciones solidarias, de viajes a tantos y tan distintos lugares, he tenido sensaciones muy diversas, desde la más radiante alegría hasta la tristeza y la desazón más profundas; sí, de abatimiento cuando veo que nos dejamos la piel luchando en pequeñas batallas, que muchas veces ganamos, pero sabemos a ciencia cierta que la guerra, la verdadera guerra que supone la erradicación de la ceguera evitable, está fatalmente perdida.

Sin embargo, siempre me queda el consuelo de la gente, de tratar con mucha gente que, siendo tan distintos, y en cierto sentido también distantes a nosotros, son muy cercanos. Y hay pacientes que para mí resultan especiales; y estos son, sin duda alguna, los más débiles, como es el caso de los que presentan discapacidades físicas y/o psíquicas. A ello se une el hecho de que además, debido a la falta de medios, con frecuencia son víctimas de una falta de voluntad, de actitud o de aptitud… no sé bien cómo definirlo, por los profesionales que allí trabajamos; y, en definitiva, estas personas no son atendidas y examinadas en profundidad, como ocurriría con cualquier otro paciente. Es evidente que una persona puede tener síndrome de Down y tener miopía, y por tanto, necesitar gafas…

Tengo el recuerdo imborrable de un chico albino, al que habían revisado muchas veces previamente y al que, siempre, le decían que no veía debido a su condición de albinismo. Sin embargo, bastó que un día simplemente me asomara a su ojo con un retinoscopio y pude comprobar que era miope, muy miope. Es cierto que con la gafa de miopía solo alcanzaba a ver un 25%, pero esas gafas le daban la vida. Y siempre recordaré cómo me sonreía a medida que le ponía una lente sobre otra. Y aquella sonrisa fue y sigue siendo, para mí, un motivo de íntima satisfacción y un motor que me impulsa y me ayuda a perseverar en mi compromiso solidario de lucha contra la ceguera.

Alicia Navarro. Optometrista. Hospital La Arruzafa (Córdoba)

2019-08-18T21:19:18+00:00