Historias Chapaqueñas

“Ojos del Mundo, luz para Bolivia”

Vidal y Savelio Vara son hermanos y están ciegos, como su madre y su abuela. Vidal, el hermano mayor, ya fue intervenido de una catarata y le implantaron una lente intraocular. Un equipo de médicos cubanos le prometió que le llevaría a EEUU para curarle, “pero han pasado 14 años y no he vuelto a saber nada de ellos”. Mientras tanto su ceguera ha avanzado y apenas ve. Los dos hermanos comparten una mísera habitación alquilada y acuden a formarse al CERECCI (Centro de Rehabilitación y Capacitación para Ciegos) donde les inician en computación, música, locución y manualidades.

En el CERECCI coinciden con Elio Siver, un muchacho que se dio un golpe en la cabeza cuando tenía 2 años. Llegó abandonado al centro, sin educación y con grandes dificultades de socialización. Delia Isabel, la psicóloga, y el equipo de profesores, han hecho una gran labor. El francés Alexis Amette enseña a tocar distintos instrumentos y ha organizado una emisora en internet donde los ciegos hacen sus pinitos con la dicción. Para Elio, el ordenador es un descubrimiento increíble y también le entusiasma la música: quiere convertirse en músico y vivir de ello.

Con poco más de 20 años y una hija de apenas un año, Sara Páez se quedó invidente. La familia se trasladó a Tarija cuando tuvo noticias de que existía un centro de rehabilitación. Allí, Sara también estudia para ser fisioterapeuta y es la número uno de la clase. Luego realiza todo el trabajo “que le corresponde a una mujer”; su marido apenas aparece por casa. Sara sabía leer y escribir, pero tuvo que aprender de nuevo la metodología de los invidentes. Ahora toma notas a una velocidad pasmosa. La presencia de Sara desprende más luz que la de muchas personas que ven sin contrariedades. Parafraseando a la famosa invidente Hellen Keller “lo que más lástima da no es la ceguera, sino la actitud de las personas que ven”.

ver reportaje íntegro

2019-08-18T21:19:47+00:00