Rosandel y Juan

“Ver es importante; pero sonreir lo es mucho más”

Rosandel Tucupa no lo ha tenido fácil. El suicidio de dos miembros de la familia, y el abandono del hogar de otro. Todo eso a sus 78 años y con 4 nietos a los que mantener. En estas circunstancias Rosandel se vio obligado a viajar todos los días al Mercado Campesino para ganar algún dinero, y a intentar extraer frutos de una tierra absolutamente seca.

Además, Rosandel perdió la vista. Una oftalmóloga le recomendó que se operara con Ojos del Mundo. Por suerte le hizo caso, y tras permanecer unos días convaleciendo en una herrería repleta de chatarra, fue dado de alta y pudo regresar a casa.

La visión recobrada gracias al Dr. Russo le animó a recordar los tiempos en que conducía un camión por la ruta del Chaco para sacar adelante a una familia con 8 hijos. Ahora debe criar, además, a 4 nietos. Eso sí, Rosandel sigue contando con la complicidad y el cariño de Paulina, su mujer.

No muy lejos de ellos vive Juan Cano, rodeado de animales en una casa de campo aislada. Juan lleva una protección extra sobre sus gafas de sol opacas: una gasa que, acomodada en la parte superior de las lentes, impide el paso del polvo. La razón es que se operó del otro ojo en febrero, pero no se cuidó. Luego todo se complicó y ahora apenas ve; por eso trata al ojo recién operado como un tesoro. Si se recupera mal ya no quedarán alternativas.

Rosandel se acerca a interesarse por la salud de su vecino. Ambos sonríen abiertamente y con franqueza. Ningún otro paciente expresa con tanto desparpajo su amor a la vida como los que viven en el campo.

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2019-08-18T21:20:01+00:00