Don Paulino

“Estar solo; y, aún así, no rendirse nunca”

Pablo Sánchez, alias Paulino, tiene 98 años, ceguera avanzada y vive como un perro. Tuvo 8 hijos, y no recuerda el número de nietos, entre otras razones porque ni unos ni otros viven pendientes de su suerte.

Paulino vive en una inmunda chabola. “A mí nadie me atiende. Si me quedo ciego, ¿qué va a ser de mí?”, se lamenta. A pesar de su ceguera, Paulino va arriba y abajo con sus gafas verdes fabricadas en China, y un bastón amarillo. El año pasado le extrajeron una catarata y desde entonces acudía cada 15 días al hospital para informarse sobre la próxima campaña de Ojos del Mundo. Tuvo suerte y pudo inscribirse.

Fue allí el día que le indicaron y pidió que le operaran. “Imposible sin pruebas médicas”, le dijeron. Paulino volvió a aparecer con los resultados. “Imposible sin un acompañante que cuide de usted a la salida”, volvieron a responderle. Así que acudió con una de las nietas, tras desembolsar una buena gratificación. Se le buscó un hueco y fue el último paciente en perder su catarata bajo las expertas manos del Dr. Russo.

La intervención fue excelente y al día siguiente, Paulino irrumpió una vez más sin compañía. Se le prescribieron unas gotas, pero Paulino, aunque no dijo nada, apenas se enteró de qué debía hacer con los medicamentos. En la salida, Pilar Groux y Marina Delgado, de Ojos del Mundo, intentaron explicarle, con cariño, cómo y cuándo debía ponerse las gotas, pero él no lo entendía. En un momento dado Paulino ya no pudo contenerse más y una lágrima brotó del ojo que no estaba operado. “Quiero ir con las madrecitas al asilo”, susurró quedamente, sin molestar. Un plato de verduras es todo lo que le espera para comer en su chabola.

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2019-08-20T15:02:15+00:00